jueves, 14 de marzo de 2013

FRANCISCO, UN DESAFÍO PARA LA IGLESIA EVANGÉLICA.



Seguí ayer, con atención, la elección del nuevo Papa. Desde mi punto de vista, las novedades introducidas son interesantes y, aún más, constituyen un desafío para la iglesia evangélica, particularmente en Latinoamérica. Esbozaré, a continuación, algunas consideraciones.

Primero, que sea latinoamericano es notable debido a que, a pesar de los avances del movimiento evangélico en América Latina, todavía este subcontinente es considerado un notable bastión del Catolicismo Romano, frente a la extrema secularización de lo que hoy se denomina “la Europa postcristiana”. Pienso que puede producirse un reavivamiento de la fe católico romana,  en cierto grado por empatía, o sea por identificación con un “paisano latinoamericano”, sobre todo en sectores evangélicos y pseudoevangélicos, cuya fe está más fundamentada en las emociones que en la Palabra y el Poder de Dios.

Segundo, que sea jesuita, es mucho más importante. Yo diría crucial. Por primera vez la controvertida Compañía de Jesús tiene sentado un Papa en la silla de San Pedro. Los jesuitas, como comúnmente se les llama, han jugado un papel fundamental dentro del Catolicismo Romano en los últimos quinientos años. Veamos algunas cuestiones importantes que, según creo, se presentan como desafío para nosotros.

a)  Desde el punto de vista misionero, desde sus inicios, la Compañía de Jesús se manifestó por su alto celo “evangelizador”. Los jesuitas, junto con los franciscanos, fueron los encargados de la “cristianización” de Latinoamérica. Jesuitas abrieron misiones en lugares duros e inhóspitos en el actual Canadá, Estados Unidos, la India y China. No solo misionaron, sino que en variadas ocasiones sellaron su labor con el martirio. Pienso que la “re evangelización” de Latinoamérica, y la “evangelización” mundial serán prioridad del nuevo Papa, pues la conciencia misionera forma parte integral de la mentalidad jesuita.

b) Desde el punto de vista eclesiológico, cabe señalar que la Compañía de Jesús se ha caracterizado, desde sus orígenes, por la defensa inquebrantable de la institución del Papado. Es interesante hacer notar que, a los tres votos típicos de los religiosos católicos romanos (obediencia, pobreza y castidad), ellos añadieron un cuarto voto: sumisión absoluta al Papa. Aún en momentos críticos, su lealtad al Papado ha estado fuera de duda. Valga recordar que, en el siglo XVIII, la Compañía de Jesús llegó a ser disuelta. Su extremo poder y riqueza fueron objeto de temor y de avaricia por parte de intereses políticos y religiosos europeos que  presionaron a sucesivos papas, hasta lograr que Clemente XIV la suprimiera temporalmente, en 1773. No obstante a haber sido perseguidos, encarcelados, desterrados y despojados de las propiedades de la Orden, ellos se mantuvieron firmes en su vocación de defensa del Papado como institución.

c) Desde un punto de vista ideológico, es importante señalar que los jesuitas son considerados como “la avanzada intelectual del Catolicismo Romano”. Fueron ellos la punta de lanza ideológica en contra del Protestantismo, a partir del Concilio de Trento y durante la Contrarreforma. Su sólida argumentación intelectual, unida al celo misionero, socavaron los cimientos de la naciente Reforma Protestante en lugares como el sur de Alemania y Hungría. Su trabajo perseverante en la Educación, la Ciencia y la Teología catolicorromana, los ha llevado a convertirse en verdaderos bastiones ideológicos en el mundo, y en formadores de generaciones de intelectuales, artistas y políticos. Formados en colegios jesuitas se mezclan nombres tan disímiles y heterogéneos como Cervantes, Calderón de la Barca y James Joyce, Voltaire, Descartes y Ortega y Gasset, Charles De Gaulle, Fidel Castro y el Subcomandante Marcos, así como el cineasta Alfred Hitchcock, entre otros muchos. El molde ideológico jesuita es suficientemente amplio para combatir la fe evangélica y, al mismo tiempo, acercarse ecuménicamente a ella, con el fin de absorberla. Cuando hablamos de molde ideológico amplio nos referimos a la presencia, en sus filas, de teólogos como Balthasar (que enseñó la necesidad de que la Iglesia Católico Romana se abriera a los cambios en el mundo), Rahner (influyente teólogo del Concilio Vaticano II), Murray (un defensor de la libertad religiosa), y Teilhard de Chardin (conocido por su sincretismo de ideas cristianas, evolucionistas y místicas orientales). En sus filas han coexistido sacerdotes tercermundistas (seguidores de la Teología de la Liberación), junto a figuras señaladas políticamente conservadoras, como el propio cardenal Bergoglio, actual Papa Francisco.

Mi reflexión no pretende ser exhaustiva. Solo tiene como objetivo alertar tanto al liderazgo evangélico como a los hermanos en general. La Gran Comisión es KERIGMA o PROCLAMACIÓN PODEROSA del Evangelio, pero es también DIDACHÉ o ENSEÑANZA, es FORMACIÓN DE DISCÍPULOS COMPROMETIDOS, QUE VIVAN INTEGRALMENTE TODO EL CONSEJO DE DIOS APLICADO A LA PERSONA TOTAL Y A CADA ÁMBITO DE LA VIDA. Y, finalmente, es también APOLOGÍA O DEFENSA DE “LA FE UNA VEZ DADA A LOS SANTOS”. Mis pregunta son: ¿Estamos teniendo en cuenta estos tres aspectos de la Gran Comisión? ¿Estamos preparados para en estas tres áreas? ¿Suplimos las necesidades del “rebaño” en estos tres aspectos? ¿Qué tanto estamos preparados para enfrentar lo que podría ser la mayor acometida “evangelizadora” catolicorromana desde la Reforma y Contrarreforma, con todo lo que ella representa? 

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