domingo, 5 de julio de 2015

Piercings, tatuajes y la Cultura del Reino de Dios.

El presente artículo surge de la respuesta a una pregunta que una hermana me efectuó en estos días. No pretende responder exhaustivamente a la problemática de la práctica de los tatuajes y los piercings, pero sí, en cierta media, pretende dar ciertas orientaciones para tratar coherentemente el asunto.

El tema de los tatuajes y los piercings es sumamente controversial, aún dentro de la iglesia, puesto que el Nuevo Testamento no dice nada de manera directa, y los mandatos, en el Antiguo Testamento, se refieren directamente a sajarse o herirse el cuerpo. Si se toma literalmente, se referiría a alteraciones que hacen muchos actualmente, y no a tatuajes en sí mismo, aunque sí podría entrar el tema de los piercings. A esto se añaden dos problemas más:

Primero, que hay cristianos que sostienen que esas prohibiciones caen bajo la ley de Moisés y el Antiguo Pacto, y que por lo tanto ya no operan en los cristianos, que estamos bajo el Nuevo Pacto. Estos serían cristianos más "liberales". Lamentablemente, no analizan otros factores, que necesariamente deben ser tenidos en cuenta.

Segundo, que hay otros cristianos legalistas, que aplican a rajatablas y literalmente aspectos del Antiguo Testamento, que no tienen vigencia, y que también enfatizan en que ni siquiera maquillaje ni adornos corporales podrían usarse. Los que adoptan esta postura no hacen diferencia entre aspectos culturales neutros o relacionados con la estética del cuerpo, que nada tienen que ver con cuestiones que sí están relacionadas con lo espiritual y que trataremos a continuación.

Entre esos dos extremos, creo que podemos encontrar un justo medio. Para ello, debemos realizar un análisis desprejuiciado y equilibrado de la enseñanza bíblica general. Es lo que intentaré hacer aquí. Antes, debo aclarar que lo que voy a exponer no tiene que ver con ciertos adornos y maquillajes que culturalmente usamos en Occidente, y que no tiene connotación espiritual alguna. Ese es un tema a tratarse aparte, puesto que muchas veces, como acabo de señalar más arriba, se usan ciertos pasajes bíblicos descontextualizados, para prohibir tal práctica. No me voy a concentrar en ello ahora.

Paso al análisis del tema que nos ocupa. La práctica de hacerse tatuajes, colocarse piercings y hacerse alteraciones, en diferentes culturas de la Tierra, ha tenido generalmente un componente religioso y, por lo tanto, espiritual.  En nuestra sociedad y época, el uso de este tipo de prácticas está asociado directamente con cuestiones espirituales como inconformismo y rebeldía, y con prácticas de grupos subculturales cuyos valores no solo van en contra de cualquier tipo de autoridad, sino sobre todo contra valores cristianos. Esto plantea, para el cristiano, un problema ideológico: al adoptar una práctica de ese tipo, está identificándose con disvalores culturales y subculturales, que se desarrollan dentro de un sistema basado en principios opuestos a Dios.

Me detengo aquí un momento, para explicar nuestra posición como creyentes. Vivimos, según enseña la Biblia,  en un mundo (sistema) que está bajo el Maligno, Satanás, el cual es el príncipe de este mundo. Ese sistema tiene sus propias autoridades, sus propias tradiciones que sabemos son pecaminosas y se basan en la rebeldía contra Dios. Para mantener engañados a sus seguidores, Satanás y los demonios hacen dos cosas: por un lado,  generan formas autoritarias y tradiciones esclavizantes; por otra, generan filosofías y prácticas aparentemente novedosas y “rebeldes”  contra esas formas autoritarias y tradiciones esclavizantes, y las presentan como una “liberación” del sistema. Le llaman “contracultura” pero, en definitiva no es “contracultura” sino una variante de la gran “cultura” del reino de las tinieblas. Entonces muchas personas, sobre todo jóvenes inconformes, adoptan esas “formas liberadoras”, sin darse cuenta de que también son esclavizantes, porque en definitiva todo es manejado por los mismos espíritus malignos que resultan ser muy creativos a la hora de inventar maldades. Sobre esto escribí hace tiempo un artículo titulado “Manual de LobotomíaPosmoderna”, que tengo publicado en mi blog, y del que copio un fragmento:

“Finalmente, imprimiremos los siguientes conceptos, en las mentes de las nuevas generaciones agrupadas en “rebaños sagrados”:
“1º. Los seres humanos son solamente animales evolucionados, gobernados primordialmente por los mismos instintos básicos que controlan a otros animales, y por mecanismos inconscientes que ellos no pueden controlar. Les enseñaremos que la racionalidad humana no es el producto de la imagen de algún dios en el hombre, sino solo el barniz socialmente fabricado que recubre su intrínseca irracionalidad.
“2º. No hay valores universales que guíen la conducta humana. Estos patrones de pensamiento, acoplados a sus conciencias cauterizadas por los medios masivos de comunicación, darán como resultado hombres y mujeres dominados totalmente por sus bajas pasiones, y preparados enteramente para ser dominados por aquellos que les alimentan dichas pasiones.
“3º. La verdadera expresión de la libertad debe ser realizada a través de exóticas e irreverentes prácticas. Ellos deben creer que el uso de “piercings”, tatuajes y de ciertos tipos de vestuario, el consumo de drogas, el disfrute de distorsionados sonidos llamados “música”, entre otros, son las mejores armas en su lucha para destruir el “corrompido sistema” actual. Nosotros, entonces, tomaremos ventaja, usándolos a ellos para destruir su propio mundo, mientras construimos el nuestro… a nuestra imagen y semejanza”.

Dentro de ese sistema que acabo de describir, el Reino de Dios entra y se expande espiritualmente a través de aquellos que aceptamos el Señorío de Cristo. Nosotros somos la verdadera contracultura, los verdaderos rebeldes dentro del sistema, porque nos liberamos del señorío espiritual del diablo, y pasamos al señorío espiritual del único Soberano: Dios. De modo que, si para mostrar nuestra genuina rebeldía contra el sistema satánico, empleamos los mismos recursos de ese sistema, terminamos haciéndole el juego, y cayendo en sus trampas.

Si bien es cierto que vivimos bajo el Nuevo Pacto, eso no significa que no haya en el Antiguo Testamento principios espirituales que forman parte de la Ley eterna de Dios y que siempre tienen vigencia. Esos principios espirituales tomaron forma concreta en ciertos mandamientos en el Antiguo Testamento. Esos mandamientos fueron dados en un contexto cultural paganizado. Fueron dados para que los israelitas no imitaran las costumbres culturales y religiosas paganas que tenían un terriblemente pecaminoso y demoníaco trasfondo espiritual. En ese contexto, fue dada la prohibición de que se sajaran el cuerpo y se hicieran alteraciones asociadas con ritos religiosos o espirituales. Esto no se refería a los adornos normales que los seres humanos usan, sino a prácticas que conllevaban un componente espiritual. Los principios espirituales que subyacen a dichos mandamientos tienen aplicación en cualquier momento de la historia o en cualquier contexto cultural en que se repitan las mismas variables pecaminosas espirituales, que generaron los mandamientos específicos originales. Es importante reafirmar que, aunque algunos de esos mandamientos específicos literalmente no llegaran a tener vigencia actualmente, los principios que están detrás de los mismos, sí lo siguen teniendo,

Aquí llegamos, entonces, al Nuevo Testamento. Con respecto al cuerpo, encontramos tres principios explícitos:

Primero, nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. En 1 Corintios 6:19,20, leemos: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios“. Si bien es cierto que estos versículos están en un contexto de pecado de fornicación, establecen una realidad inamovible: una vez que nos entregamos a Cristo, ya no somos dueños de nosotros mismos, incluyendo nuestro cuerpo, que pasa a ser morada de Dios en el Espíritu y que debemos honrar y glorificar a Dios no solo con nuestra alma y espíritu, sino con ese cuerpo.

Segundo, ese cuerpo que pertenece a Dios, debe ser guardado en santidad. Ser santo significa: a) “estar apartado de” las cosas pecaminosas y rebeldes de este mundo, que se oponen a Dios o que están basadas en principios opuestos a Dios; b) “estar consagrado” al Señor, viviendo la vida sobre los valores del Reino de Dios; y, c) mantenerse limpio en relación con el pecado y la maldad, y con todo aquello que se base en la rebeldía contra Dios. El apóstol Pablo escribió: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).

Tercero, nuestro cuerpo interviene en todo el sistema de adoración a Dios, entendido este como la expresión de nuestra vida totalmente rendida al Señor, en nuestro culto y servicio a él. Eso es lo que se expresa en Romanos 12:1: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. El sistema de adoración a Dios del que hablamos es totalmente opuesto al sistema de adoración satánico que impera en este mundo y que incluye toda manifestación cultural, subcultural o contracultural que entre en conflicto con los valores del Reino de Dios. Justamente, en el siguiente versículo leemos: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2). ¿Qué significa este pasaje?

a)      “No os conforméis”. La palabra griega es “schematidzo”, de donde viene “esquematizar”, “esquema”. Lo que significa es: no se esquematicen, no tomen la forma del esquema o modelo que les están proponiendo”. ¿Cuál esquema o modelo?

b)      “… a este siglo”. Aquí está la clave. La palabra griega traducida como “siglo” es “aión” (era, época). Ahora podemos leer “No se esquematicen o tomen la forma del esquema o modelo que esta época en que viven les propone”. Este mandamiento está vigente para cualquier época de la historia de la Humanidad o de una cultura en particular. Nos dice que no debemos adoptar los moldes y esquemas que caracterizan al espíritu de la época en que vivimos. Debemos entender que cuando hablamos de “espíritu de la época” nos referimos específicamente a los patrones de pensamiento y de conducta, a las ideas-fuerza, a las costumbres, a las ideologías que caracterizan al período histórico en que se vive. En la actualidad nosotros estamos viviendo en un período histórico conocido como Posmodernidad, caracterizado por el relativismo moral, y la rebeldía total y extrema contra toda autoridad, incluyendo la de Dios, en primera instancia. Manifestaciones supuestamente inconformistas, rebeldes contra el sistema y contraculturales como el uso de los tatuajes y los piercings son parte del espíritu engañador de esta época, que quiere hacerles creer a las nuevas generaciones que van a destruir el viejo sistema y construir uno nuevo y mejor. 

c)       “Sino transformaos”. En griego “metamorphoo”, de donde viene “metamorfosear” y “metamorfosis”. Está hablando de un cambio radical en que se deja una forma para adoptar otra, como la oruga se convierte en mariposa, o el renacuajo en rana. Está invitándonos a dejar la “forma” de esta época para llegar a adoptar la “forma” del modelo de Dios.

d)      “Por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. La palabra griega para “renovación” es “anakainosis”, la misma que se emplea para nombrar el “nuevo nacimiento”. Cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador y Señor, nacemos de nuevo, nacemos a una nueva vida que nos introduce en el camino de la transformación radical de nuestra vida, que nos aleja de los esquemas del sistema del mundo y del espíritu de la época, para conformarnos al modelo esencial de Dios para nosotros. Y este cambio se produce a partir de la renovación de nuestra mente (nous, en griego), de nuestro modo de pensar que controla nuestras conductas, nuestras acciones y nuestra manera de sentir, decidir y vivir.

e)      “Para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Solamente una mente regenerada y transformada puede entender qué cosas entran en el rango de “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Esa mente nos permite detectar, por la acción del Espíritu Santo, “el Espíritu de verdad que nos guía a toda verdad”, qué ideas, qué conductas, qué prácticas, se basan en principios y disvalores opuestos a la voluntad de Dios.

Esa es, en mi opinión, la base ideológica y teológica fundamental con la que debemos tratar este tema con muchos jóvenes y adultos cristianos que inocentemente se dejan arrastrar por prácticas como las que estamos tratando. Debemos tratar esto, como dijo el apóstol Pablo, con mucha paciencia y doctrina.  Debemos hacerlo con amor y comprensión. Ir al choque, atacar, acusar, satanizar y difamar a hermanos y hermanas que opinan diferente en este sentido, no tiene sentido. En mi opinión, es herir el Cuerpo de Cristo. En el caso específico de los adolescentes, pienso que, en tanto sean menores de edad, por razón de estar sujetos a los padres, estos últimos tienen toda la autoridad para prohibirles que lo hagan. Y los padres sabrán qué medidas tomar en el caso que desobedezcan; medidas que deben ser moderadas por el amor cristiano, claro está, sin descuidar la firmeza que conlleva la situación. En el caso de los mayores de edad, los padres y otros adultos creyentes están llamados a exhortar, aconsejar e intentar persuadir con amor, paciencia y argumentación coherente, dependiendo siempre de la guía del Espíritu Santo, y tratando siempre de llevar a la persona a un encuentro más profundo con el Señor.

EDICI: Puerto Madryn, Chubut, República Argentina. 2015
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