martes, 10 de junio de 2008

Cornelio

Introducción

Es Cornelio uno de los personajes bíblicos menos comentados y analizados. De él, la Biblia dice poco y, a la vez, mucho. Todo el capítulo 10 de Hechos se dedica a su persona, y a los eventos que ocurrieron en su casa, sin embargo, la descripción que se hace de él, apenas abarca un versículo. La literatura cristiana (comentarios bíblicos, diccionarios, etc.) dedican apenas unas líneas para referirse a Cornelio, sin embargo, una lectura detenida del texto bíblico, y una investigación cuidadosa de aspectos contextuales, nos permiten reconstruir el perfil de este hombre, el primer gentil al que llegó el Evangelio, y con el que las puertas de la Gran Comisión se abrieron “hasta lo último de la tierra”.

Se propone, por tanto, este bosquejo que permitirá al lector, seguir las líneas de pensamiento desarrolladas en el presente ensayo.

Bosquejo

1. Su procedencia, deducida de su nombre.
2. Su ciudad de residencia.
3. Su rango militar dentro del ejército romano.
4. Su carácter moral y espiritual.
5. Su necesidad de Cristo, a pesar de su piedad.

1. Su procedencia, deducida de su nombre, y del cuerpo de ejército al que pertenecía.

Su nombre indica que estaba relacionado con una de las más antiguas familias patricias romanas, la familia Corne. Cuando hablamos de “patricias”, significa que era familia rica y noble, en contraste con las familias llamadas plebeyas o del pueblo. Qué grado de parentesco tenía él con los Corne, no lo sabemos. Ignoramos si pertenecía directamente a la familia, o a alguna otra familia adoptada por aquella. Pero sí cabe destacar que, entre los ilustres personajes que bien pudieron haber sido familiares antepasados o contemporáneos de Cornelio, se pueden mencionar a Lucio Cornelio Sila, militar y político de renombre durante la República Romana, y a Cornelio Tácito, el historiador de finales del primer siglo de la era cristiana.

Su pertenencia a la “compañía La Italiana” indica que él, como los demás miembros de la misma, era nacido en Roma, y no un provinciano.

2. Su lugar de residencia.

De acuerdo con el texto de Hechos, vivía en Cesarea de Palestina. Había dos ciudades llamadas Cesarea en aquel tiempo: Cesarea de Filipos, ubicada cerca de Siria, y Cesarea de Palestina o Cesarea del Mar, a orillas del Mediterráneo. La ciudad en que vivió Cornelio había sido construida por Herodes el Grande, siguiendo el trazado imperial romano, hacia el año 22 a.C. Era una ciudad moderna, con edificios públicos majestuosos, amplios lugares de esparcimiento, y un excelente sistema de acueducto y alcantarillado que distribuía las aguas recogidas en el Monte Carmelo. También tenía el más grande puerto de todo el este del Mediterráneo, que contaba, inclusive con un rompeolas, y que se conocía con el nombre de Sebastos, el nombre griego dado al emperador Augusto, en cuyo honor se construyó la ciudad.

3. Su rango militar en el ejército romano.

Era centurión[1]. Generalmente, los centuriones estaban al mando de una “centuria”, unidad táctica del ejército romano, compuesta en esa época por unos 80 hombres[2]. Sin embargo, el texto bíblico dice que él era centurión de la “compañía La Italiana”. La palabra griega “speiros”, que se traduce como “compañía”, designaba a una cohorte, cuerpo de ejército integrado generalmente por unos 480 soldados, que constituía la décima parte de una legión.

De acuerdo con la frase usada por Lucas, Cornelio podría haber sido, para ese tiempo, el prilus prior o comandante en jefe de la compañía o cohorte La Italiana[3], la cual formaba parte de la Legión X Fretensis[4], que tenía en ese período unos 4800 hombres, parte de los cuales estaban acantonados en Palestina, y cuyo cuartel general estaba para ese tiempo, justamente en Cesarea de Palestina. La Legión X estuvo estrechamente vinculada con los acontecimientos de la vida, muerte y resurrección de Cristo. Fueron soldados de esa Legión, los que lo crucificaron. Precisamente, cuando el apóstol Pedro hace alusión al evento de Jesucristo, les habla a los presentes como conocedores del mismo.

Su rango militar dice mucho acerca de Cornelio. Era hombre valeroso, de gran temple y resistencia física y emocional, con don de mando, y riguroso sentido de la disciplina. Su destreza en las artes militares, en el manejo de las armas y en la administración militar, eran superiores. Esas eran las cualidades que se tenían en cuenta para designar a los centuriones.

4. Su carácter moral y espiritual.

El versículo 2 del capítulo 10 de Hechos nos dice que era “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre”. No sabemos de qué manera Cornelio llegó al conocimiento del Dios de Israel. Más de cuatro mil soldados romanos, como él, estaban acantonados en Palestina y sus alrededores, en contacto directo con los judíos, su religión, el Templo, pero sólo él llegó a tener una experiencia transformadora con el Dios de Israel. Esa experiencia generó en él un radical cambio de vida, que influyó no sólo en su círculo familiar, sino también en sus amistades. Su devoción y piedad claramente habían impactado la vida de aquellos que estaban cercanos a él: su familia, sus amigos, sus sirvientes, sus soldados. El hecho de que ellos estaban allí, reunidos en casa de Cornelio, y que el Espíritu Santo los llenó, indica que ellos habían sido tocados previamente por el testimonio del centurión, y que sus corazones estaban abiertos a la palabra del Evangelio.

Ahora bien, Cornelio no era, técnicamente hablando, un prosélito judío. En otras palabras, él no había abrazado el judaísmo, ni se había sometido a las prácticas y rituales del mismo (por ejemplo, la circuncisión). La frase “temeroso de Dios” es usada, en el Nuevo Testamento, para calificar a aquellos gentiles que no se habían convertido a la fe judía, pero que visitaban la sinagoga, y practicaban la piedad. La distinción novotestamentaria entre “temeroso de Dios” y “prosélito”, adjudicada a los gentiles que se acercaban al judaísmo, sigue a la clasificación rabínica entre los “prosélitos de la justicia”, que practicaban de manera integral el judaísmo, y los “prosélitos de puerta”, que llevaban una vida piadosa y de temor de Dios, pero que no practicaban formalmente la religión judía. Para los judíos, a pesar de su devoción, Cornelio seguía siendo gentil. Esto era más que suficiente para que el contacto con él fuera limitado, y fue el obstáculo que Pedro tuvo que vencer. La visión del lienzo con los animales impuros tuvo como objetivo destruir la barrera de prejuicio religioso y étnico que hubiera impedido al apóstol cumplir, en este caso, con la comisión de “Ir y predicar el Evangelio a TODA criatura”.

5. Su necesidad de Cristo, a pesar de su piedad.

Que Cornelio había escuchado hablar de Jesús, es algo que se desprende de las mismas palabras del apóstol Pedro, y que se puede comprender porque Cornelio era uno de los altos oficiales de la Legión X que, como hemos señalado anteriormente, estuvo relacionada con los eventos de la muerte y resurrección de Jesús. Pedro les dice a los presentes: “Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea…” (Hechos 10:37). El apóstol hace referencia al conocimiento previo que ellos tenían del ministerio de Jesús (versículos 38 y 39). No es tampoco imposible que Cornelio mismo tuviera conocimiento, de primera o de segunda mano, del milagro operado por Jesús en el esclavo del centurión innominado, cuyo relato es narrado paralelamente por los evangelistas Mateo y Lucas (Mateo 8:5-13; Lucas 7:1-10).

A propósito de esto último: una lectura de los dos relatos de los evangelios, en cuanto a ese anónimo centurión cuya fe Cristo encomió y puso como ejemplo, y una comparación con las características de Cornelio, nos dejan la fuerte sensación de que bien pudieran haber sido la misma persona. Particularmente es interesante observar las descripciones paralelas que el evangelista Lucas realiza de ambos en los relatos de su evangelio y de Hechos.

Primero: entendemos que, a pesar de algunas diferencias en detalles, los relatos de Mateo y Lucas se refieren a un mismo evento y a los mismos personajes: un centurión romano pide a Jesús que sane a su esclavo, y se convierte en el protagonista de una historia de fe que impacta al propio Señor[5].

Segundo: es interesante observar precisamente lo que señalamos en la nota al pie de página, citada al final del párrafo anterior. El evangelista Lucas se detiene a darnos algunos detalles de ese centurión, que necesariamente nos remiten al propio Cornelio. Por las palabras de los ancianos judíos, observamos que era un hombre piadoso, que estaba en relación estrecha con la religión judía, aunque sin pertenecer a ella, que su piedad se manifiesta en actos de amor hacia el pueblo de Israel, hasta el punto de hacer construir una sinagoga. Hablando de Cornelio, Lucas hace referencia a su piedad, y al hecho de ayudar a los necesitados, a través de limosnas.

Tercero: a pesar de la rudeza de su profesión, y de las altas exigencias de dureza que su rango les impone, ambos muestran actitudes humanitarias: el centurión de los evangelios ama a los judíos, y ama a su esclavo. Cornelio se preocupa por los pobres de la ciudad.

Si la tesis que estamos sosteniendo es correcta, entonces podemos encontrar algunos aspectos adicionales de la vida de Cornelio, en los evangelios. Podemos maravillarnos aún de lo que hemos sostenido más arriba: de su experiencia primera con el Dios de Israel, que lo acercó a la verdad, pero también de esa tremenda fe que dicho contacto generó en él, y que demostró fehacientemente en su primer encuentro con Jesús.

Hablamos más arriba acerca del cambio radical que Cornelio había tenido en su descubrimiento del Dios de Israel. La piedad emanada de esta transformación contrasta intensamente con el tipo de vida pagano que llevaban los otros centuriones y los soldados romanos en sentido general. Un estudio de la vida y las costumbres militares romanas nos permitiría comprender hasta qué punto este hombre había cambiado en su manera de ser, de pensar y de obrar.

A su generosidad, manifestada en la ayuda a los necesitados, a través de las limosnas, se sumaba la práctica sistemática de una vida de oración. Dentro de sus limitaciones espirituales, él supo cultivar una vida de comunión con Dios.

Sin embargo, a pesar de ello, algo faltaba en la vida de Cornelio. Quizás a él pueda también aplicársele aquellas palabras de Jesús a aquel escriba (Marcos 12:34): “No estás lejos del reino de Dios”. Él estaba a las puertas del Reino, pero no había entrado por la Puerta, Jesucristo. Tanto él, como los que le acompañaban, necesitaban ser salvados y redimidos para Dios. No bastaba la piedad, no bastaban las buenas obras. Era necesario un encuentro personal con Cristo Jesús, como su Salvador y Señor.

Es interesante notar que, en ningún momento, los presentes en casa de Cornelio, incluyéndolo a él mismo, manifestaron verbalmente que aceptaban a Jesucristo como Salvador y Señor, pero la plenitud del Espíritu Santo, recibida en esa ocasión, fue el testimonio fehaciente de lo que había ocurrido en el corazón de ellos, en el breve tiempo que Pedro le estaba ministrando la Palabra. Éste no podía verlo, pero Dios, sí.

6. El resultado de su corazón dispuesto para Dios.

Cornelio creyó a la promesa de salvación, no sólo para él sino para su familia. Y, cuando hablamos de familia, tenemos que entenderlo en el sentido que se daba en ese tiempo. La familia romana no sólo estaba constituida por los parientes consanguíneos que la integraban, sino también los esclavos y otras personas bajo la protección del pater familiae, el padre de familia.

En el caso de Cornelio, aún soldados suyos recibieron la bendición de Dios. Uno fue, seguramente, el soldado enviado a buscar al Pedro. De él se dice que era eusébe, o sea, que era “devoto” o “piadoso”, palabras que nos indican que él también pudo haber sido tocado por la influencia espiritual de su jefe.

Pero aún más: íntimos allegados a él también fueron tocados por el Señor, y aún fueron bautizados con el Espíritu Santo. Dice el texto bíblico que Cornelio no sólo reunió en su casa, para escuchar a Pedro, a sus familiares, sino también a íntimos amigos (v. 24). Constituían un número bastante considerable, porque Lucas se encarga de recalcar que el apóstol y sus acompañantes hallaron “a muchos que se habían reunido allí” (v. 27).

Conclusión.

No sabemos cuál fue el destino posterior de este hombre, ni de los que con él tuvieron la oportunidad, ese día, de tener un encuentro con el Señor. Años más tarde, la Legión X fue justamente la encargada de aplastar la sublevación judía que se extendió del 66 al 70 d.C., y que dio como resultado la destrucción de Jerusalén y del Templo. Quizás, a esas alturas, ya Cornelio estaría jubilado o muerto, teniendo en cuenta que posiblemente habían pasado unos 30 años desde los eventos de su conversión hasta los de la rebelión judía.

La Biblia no lo cuenta y, hasta donde se puede conocer, no hay un registro histórico del desenvolvimiento de esa primera congregación gentil, ganada para Cristo, ni de este alto oficial romano que, como hemos señalado más arriba, se convirtió en el primer gentil ganado para Cristo. La tradición cristiana solo señala que Cornelio llegó a ser el primer obispo de Cesarea.

Bibliografía.

Diccionario Bíblico. E-sword: la espada del Espíritu. Software bíblico de libre circulación.
Diccionario Strong en español. E-sword: la espada del Espíritu. Software bíblico de libre circulación.
http://es.wikipedia.org/
http://cayograco.wanadooadsl.net/spqr_moneta/varios/legiones.htm
http://www.mfa.gov.il/MFAES/MFAArchive/2000_2009/2000/3/Cesarea-%20de%20ciudad%20romana%20a%20fortaleza%20cruzada
http://www.lilliputmodel.com/articulos/pedroadolfo/centurion_romano/centurion_romano.htm
Microsoft Student 2006.
Santa Biblia Reina Valera 1960. E-sword: la espada del Espíritu. Software bíblico de libre circulación.
Textus Receptus Greek New Testament. E-sword: la espada del Espíritu. Software bíblico de libre circulación.
Wescott-Hort Greek New Testament. E-sword: la espada del Espíritu. Software bíblico de libre circulación.
[1] Tres palabras se usan para designar, en el griego, al “centurión”. La primera es “jekatontarkos”, que literalmente significa “regir cien”, y está usada en Mateo 8:5,8. La segunda es una variante de la primera, “jekatontarques”, y es la aplicada a Cornelio, en Hechos 10:1,22. La tercera, “kenturion”, proviene del latín “centurio”, y significa lo mismo que las otras dos. (Adaptado del “Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento”, Vine. E-Sword).
[2] El número de los integrantes de una centuria había variado a lo largo del tiempo. Para la época de Cornelio, la centuria común tenía 80 soldados, aunque había algunas centurias que duplicaban el número de sus soldados: hasta 160.
[3] Si esto es así, entonces él era el jefe de la primera centuria de la cohorte, formada por los más veteranos y aguerridos soldados. Era, por lo tanto, el primer jefe dentro del cuerpo de 6 a 10 centuriones de la cohorte (una cohorte plena contaba con 6 a 10 centurias). Esto lo convertía en el comandante en jefe de la cohorte.
[4] La Legio X Fretensis fue fundada por Augusto César en entre el 41 y el 40 a.C. Después de participar en diferentes campañas contra Pompeyo, fue fragmentada. Una porción de la misma fue trasladada a la península de los Balcanes y, posteriormente, movida al Próximo Oriente. Ciertas inscripciones encontradas en Cesarea del Mar parecen indicar que la Legión estuvo destacada en Judea, hacia la fecha de la fundación de la ciudad (alrededor del 22 a.C.). Hacia el año 6 a.C., su cuartel general fue establecido en Siria. Unidades de esa legión siguieron destacadas en Palestina, desde esa fecha.
[5] El aspecto diferente más significativo estriba en que Mateo señala que el centurión personalmente fue a ver a Jesús, mientras que el evangelista Lucas narra que usó intermediarios para comunicarse con el Señor (primeramente, unos ancianos judíos y, posteriormente, unos amigos). Sin embargo, como ha sido señalado por diferentes comentaristas, no existe contradicción entre ambos relatos. Mateo sencillamente hace énfasis en el emisor primario (el centurión), sin entrar en detalles acerca de la manera en que él se comunicó con Jesús. Lucas, historiador nato, y más interesado en los detalles, nos descubre aspectos del evento que sencillamente Mateo obvió por no ser relevantes para el objetivo de su relato.


Alba Llanes, EDICI (Rancho Cucamonga, CA: 2008).

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