sábado, 20 de septiembre de 2014

¿Mintió David al sacerdote Ahimelec?


El presente artículo está basado en la respuesta a una pregunta, realizada por uno de mis contactos de Facebook, un hermano en la fe, a quien agradezco que se haya contactado conmigo. Él me escribió lo siguiente:

"Usted qué piensa de 1 Samuel 21, cuando David se presentó delante del sacerdote Ahimelec, para pedirle los panes sagrados. ¿Él estaba acompañado por sus criados, o le mintió al sacerdote? Por favor, lea el capítulo anterior, y el capítulo 22 también, para responderme con seguridad".

Esta fue mi respuesta.

1o. De acuerdo con la lectura llana y directa del capítulo 20, podría entenderse que él estaba solo, primero cuando tuvo que dejar a Samuel y, segundo, cuando llegó a Nob, donde estaba el sacerdote Ahimelec. Recién en el capítulo 22, se nos dice que se le sumaron otras personas: su familia y personas que estaban en desgracia.

2o. Sin embargo, esta conclusión no es absoluta. Las razones son las siguientes:
  •       Haciendo referencia a ese mismo evento, el Señor Jesús dijo a los fariseos “Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?” (Mateo 12:3,4; ver también Lucas 6:1-4).
  •       Es interesante observar la cantidad de panes que él le pidió al sacerdote: cinco.  Las hogazas de pan de la proposición que le dio Ahimelec, eran de unos 2 kilogramos (casi 4 libras y media) cada una. De modo que estamos hablando de unos 10 kilogramos (unas 22 libras), cantidad muy grande para un solo hombre que andaba huyendo, sobre todo cuando el camino que tenía que recorrer a Gat, su destino final, se cubría en unas 24 horas, si se andaba a pie, o posiblemente en la mitad de tiempo, si se iba a caballo. Sin embargo, era una cantidad adecuada para unas cinco personas: David y quizás tres o cuatro sirvientes suyos, leales a él y que, por lo tanto, también estaban en desgracia.
  •       El relato bíblico se concentra en la figura central de David. El narrador no da relatos accesorios. Esto mantiene la dinámica de la narración, que no se pierde en detalles innecesarios. Esto ocurre en muchos otros pasajes bíblicos, en los que el personaje parece estar solo, realizando algo, pero en realidad está acompañado, u otros lo ayudan.

3º. De acuerdo con el punto anterior, David NO MINTIÓ en lo relativo a los que lo acompañaban. Sin embargo, SÍ MINTIÓ en lo siguiente: “El rey me encomendó un asunto, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío…” (Versículo 2).

Aquí es donde se nos plantea la controversia actual: ¡CÓMO VA A MENTIR UN SIERVO DE DIOS! Veamos la explicación a este asunto:

    1o. La Biblia solo presenta aquí lo que él hizo. No lo aprueba. En la Palabra de Dios se nos muestran a las personas  tal y como son, y a las circunstancias tal y como ocurrieron. No se las idealiza, o se les hecha un “piadoso” manto de silencio sobre las acciones pecaminosas de los seres humanos, aun cuando sirvan a Dios. De hecho, David volvió a mentir cuando se hizo el loco en la corte de Aquis, rey de Gat (versículos 10-15).

    2o. En el caso específico de David, hubo una doble consideración que explica (aunque no justifica, desde la luz que tenemos en nuestra época) su conducta: él mintió para proteger su vida, pero también la de Ahimelec. Si él le decía la verdad, ponía a este en un dilema: o el sacerdote tenía que denunciarlo a Saúl, o se volvía cómplice de David, y se acarreaba el castigo del rey paranoico y cruel. Esto lo podemos deducir del análisis de 1 Samuel 22:6-26. David reconoce que no previó la posibilidad de una denuncia por parte de Doeg el edomita, y se siente responsable de la muerte de los sacerdotes. Su preocupación y sentido de responsabilidad culpable en este pasaje, pueden ser un indicativo de los móviles que lo impulsaron a mentirle al sacerdote, en el pasaje anterior.

     3o. No debemos  olvidar que David, como otros siervos de Dios en el Antiguo Testamento que mintieron (Abraham, Isaac, Jacob), vivían en una época donde aún no se tenía plena luz sobre ciertas cuestiones morales y espirituales, cuya revelación completa las encontramos en el Nuevo Testamento. En el marco de la permisión divina, muchos de ellos fueron polígamos, practicaron la esclavitud, recurrieron a astucias, y también mintieron o engañaron, esto último a veces como estrategias para la protección personal (Abraham y el faraón, con respecto a Sara; Isaac y Abimelec, con respecto a Rebeca, por ejemplo), para la protección de otros (Rahab la ramera y los espías; la mujeres que miente para proteger a Jonatán y Ahimaas, en 2 Samuel 17:17-20) o para defender y salvar a la nación (la estrategia que usa Josué para tomar a Hai; la estrategia que usa Aod, en el libro de Jueces, para asesinar a Eglón, rey de Moab; Jael y Sísara).

Estos aspectos negativos no pueden ser convertidos, por tanto, en ejemplos a imitar por nosotros, los creyentes actuales, que poseemos de manera completa la Palabra de Dios, y que recibimos la luz y dirección del Espíritu de Verdad (el Espíritu Santo). Si analizamos bien, el Decálogo no habla sobre la mentira, sino sobre el falso testimonio contra otra persona. Es recién en el Nuevo Testamento cuando, en las epístolas, se termina de develar la responsabilidad moral y espiritual completa que hay con respecto a la mentira y al engaño.

1 comentario:

Osmany Cruz Ferrer dijo...

Excelente análisis. Muchas gracias Alba.

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